viernes, 18 de mayo de 2012

Primaveras porteñas




Hoy me he encontrado a Piazzolla, revuelto, sedimentado en las sabanas,
Piazzolla se gastó en mis palabras, que ya no conjuran misterios,
dentro de vendavales de silencio, sonatas curvas de gaviotas
El argentino de siempre,  en la mujer de siempre,
en la que se rompe en piedras, en crudas astillas de lodo y barro.
El día amaneció jueves o lunes ¿qué nos importa?
Con esta costumbre de silencios todos los días son el mismo
Tangos. tangos, y olas entre nosotros,
porque así se recuerda a la pared en blanco que se crece de pena.
así conmemoran mis cabellos, el día en que te dije que me recordabas
a una primavera porteña de Piazzolla.
Una primavera se hizo entonces, aunque estaba por llegar el verano,
Resucité de encuentros, citas,  mareos astrales y dulces que acarrea el amor. 
En mi esqueleto, se hacía una efervescencia de prisa y sonidos
Florecías en mi página y en los tangos de Piazzolla.
Ese amor traía palabras, me dejé habitar de voces, ríos y lluvias de mayo.
Pero se nos hizo la fiebre de los días largos y las noches cortas,
el periodo de las tormentas y los animales pariendo.
el tango quedó desteñido, abandonado
igual que tu recuerdo, terminó la primavera. 

viernes, 6 de abril de 2012

Novedades

I


Qué novedad,

tú,

en un poema que escribo de tarde,

para ponerle pausa al silencio,

tú,

habitándolo

con tu sonrisa muy puesta,

con tu sueño de ser joven,

más joven que el tiempo,

tú, como todos, cuentas tu edad en mujeres,

yo, simplemente, cuento mi edad en poemas.


II

Ahora el alma me pesa más

que cuando lo tuve todo y

no sabía caminar

si los cordones de mis zapatitos

no estaban atados.


Ahora el alma pesa más

porque te tengo

y te veo, sentadito,

esperándome,

triste y algo alegre

confundido por que yo te quiero

incluso esos días que no escribo.


Sí, el alma me pesa,

me pesa porque no hablo de ti en mis poemas.

porque me demoro y te contemplo.


III

La novedad existe,

siempre,

entre nosotros,

cuando pienso,

francamente

que nunca firmaste

aquel libro que me regalaste.

saliendo del café

con la tormenta de frío más grande que he visto

nunca supe si el libro

era tuyo en realidad

o mio,

pero, lo recuerdo siempre como el beso

que guardas

en la solapa de tu saco de pana.

viernes, 9 de marzo de 2012

Perfume de ausencias



I

Vacía está la casa de los ayeres,
vacía la melancolía.
No pienso amar el odio de tus labios,
ni los reproches que dejas en el tapete,
ni la cena de nostalgia que dispusiste en la mesa,

Los recuerdos siempre son un capricho.
Para motivos urgentes el amor no salva.
No me interesa leer las noticias de las noticias.

Lo único que nos queda es la caía,
caer
caes
y caigo
al abismo siempre.

Las caricias no se amontonan.
Dime, ¿qué diablos piensas ahora?
¿con quién juegas a atarle espinas a las rosas?
nuestra rueda va siempre de un carrusel al otro,
para llegar al mismo.

Sólo nos queda la muerte,
somos los que odian,
los que minaron el pasado,
los que atentaron contra la vida.

II

¿Qué será de la ropa que nos quitamos aquél día?
aquella que abandonamos a la orilla del alba,
en el frágil resplandor de los amaneceres.
¿qué será de los días que se sometieron en contra del viento?
Lo nuestro,
lo de entonces,
no era desnudarnos,
era el instinto puro de una sobrevivencia.

III
Los resultados son los mismos,
incluso con el espejo invertido
las uñas de los costados del libro
derritiéndose
incluso cuando no quiero verte y te veo,
más frágil que antes,
con tus mil ojos de Argos puestos,
flotando
con la muerte que abandonas todos los días.


sábado, 18 de febrero de 2012

Apuntes sobre el amor

I

Tus rosas no tenían espinas, por eso supe quererte desde mi raiz, cerré los ojos para besarte y mi corazón se mudó de pecho. La primavera latía como un espejo floral en un invierno desteñído. Me recordabas al hombre imaginario que esperaba en el poema de Nicanor. Yo todos los días, subí a tu sonrísa, até gaviotas a tus muñecas y desaté tus labios de tormenta, no tuve más remedio que naufragar.

II

Yo quiero el corazón que guardas en tu entrepierna, tus labios, tu pelo más castaño, tus pestañas, tu voz de tormenta desatada, desatándome, amor, yo lo quiero todo, cuando digo tu nombre.

jueves, 9 de febrero de 2012

Borrador para un escritor de arrabal

Algún día estarás escribiendo sobre mí,

relatarás en tus historias

la tarde que salimos de aquel bar

borrachos,

muertos de amor

y de prisa.

Hablarás de los besos

en la parada del autobús

ante la sombra y el asombro de las señoras

y los sombreros que esperaban.

Hablarás de nuestros testigos,

de aquella niña que sonrió mientras

la lluvia se avisaba en tu cabellera.


El aire era un polizón alegre

entre nosotros,

todos nos vieron,

ahí, de pie,

sostenidos de un abrazo,

a punto de soltarnos hacia el viento.


Dirás que tus palabras resbalaron por mis oídos,

que mi corazón te hinchó de dulzura

y perdiste el reloj y el tiempo en aquella banqueta.


Entonces todas las gatas de tu barrio

aquellas que hacen cola para encontrar tu mirada

morirán de celos,

tus susurros les apagarán el ardor

al saberte recordándolo todo,

recordándome a mi

colgada de tus brazos,

haciendo de puntitas los pies,

para alcanzar el beso que se hacía

en la esquina de tus labios.

martes, 31 de enero de 2012

Tom in the box

Tom in the box

Y repites la misma canción todo el día.
Your my North Star when I'm lost and feeling blue
Your my sun that's breaking through, it's true
- toda la noche -
Esto es un pequeño paseo al cielo
es Tom en una cajita, repitiéndose
como en los sueños en los que creías
en las libélulas
te arrullabas la melancolía.
-se repite otra vez-
piensas en ese muchacho del que jamás volviste a saber nada.
when I see your constellation, your my inspiration, and it's you
Tom sigue cayéndose de la pared
estás tumbada en tu cama, sin hacer
la vida parece poco
y el cielo parece muy lejos,
sobre todo esos días en los que repites a Waits

jueves, 26 de enero de 2012

Doctrinas.


Para Yeli, por cómplice de risas.



Desde una alejada banca de madera,

Yelitza y yo, fuimos un par de floreros de iglesia.

Los rosarios de los jueves,

y las plegarias en nombre del padre y del hijo

se hicieron hábito de voces

penitencia de nuestra corta edad.


Afuera del atrio de San Francisco,

supimos de pronto,

del día en el que el arroz nos bañaría de gloria

entendimos bien que la llaga divina en su costado

se nos haría en el corazón.

Llegaría pronto ese día

en el que una mujer reza un padre nuestro y cierra los ojos

seríamos abnegadas mujeres,

fieles esposas,

infelices amantes,

que duermen siempre en la cama del mismo marido.